Barcelona fue mejor y Real Madrid le queda una derrota que no sentenció a Xabi Alonso

LA NACION

La Supercopa de España fue para el equipo más en forma de los dos finalistas, el de mejor actualidad y mayores recursos futbolísticos. Barcelona es el campeón, retuvo el título que hace 12 meses también obtuvo ante Real Madrid.

Se consagró con un resultado (3-2) que tuvo una carga de dramatismo e incertidumbre hasta el final, con pasajes frenéticos, como el cierre del primer tiempo, con tres goles en cuatro minutos.

La definición puso de manifiesto las certezas que maneja Barcelona, tanto individual como colectivamente, y las dudas que no logra resolver Real Madrid. El encuentro disputado en Yedá (Arabia Saudita) tuvo varias microhistorias. Dentro del campo estuvo la que protagonizaron dos brasileños, cada uno figura de su equipo. Raphinha y Vinicius.

Lo mejor de Barcelona 3 – Real Madrid 2

Silbado en el Santiago Bernabéu por los hinchas de Real Madrid en los últimos dos partidos, Vinicius vuelve de tierra saudí con un desempeño reivindicatorio. En primer lugar, cortó la increíble racha de 16 partidos sin goles, desde el 4 de octubre. Lo hizo con un golazo, caño incluido a Koundé y enganche ante Cubarsí. Fue el motor, con encendido y explosión, de los contraataques de Real Madrid.

Corrió mucho Vinicius, se vació, solo así se entiende que fuera reemplazado a ocho minutos del final, cuando su equipo lo hubiera necesitado para el último envión en búsqueda del 3-3. Lo sustituyó Franco Mastantuono, que solo tocó un par de pelotas en los pocos más de 10 minutos en el campo. “Hizo un gran partido, fue desequilibrante y marcó un gol extraordinario”, fue el elogio de Xabi Alonso para Vinicius.

Hay veces que el fútbol tiene arrebatos salvajes que tiran por la borda hasta los planteos estudiados al milímetro. Fueron cuatro minutos de locura, con tres goles, tan difíciles de asimilar como de entender las razones de que los tres minutos adicionados en el primer tiempo se convirtieran en siete. En cualquier caso hay que agradecer porque en esa extensión injustificada se vivió un carrusel de emociones. Una ráfaga que barrió con el planteo cauteloso y conservador de Real Madrid y el juego de control y posición de Barcelona.

Alonso decidió ser respetuoso del poderío rival, y también consciente de las debilidades propias, para volver al esquema que utilizaba en Bayer Leverkusen, con línea de cinco, y había puesto en práctica en su arranque en el Madrid durante el Mundial de Clubes. Tchouamení bajó para incrustarse entre Asencio y el reaparecido Huijsen; Valverde y Carreras quedaron de carrileros, Bellingham, Camavinga y Rodrygo armaron otra línea y Vinicius ocupó arriba una posición más centrada sin la pelota, pero enseguida se abría la izquierda cuando se disparaba el contraataque.