La historia de la mujer que durante 20 años restauró “La última cena” y enmendó el “gran error” de Leonardo da Vinci

BBC Mundo

Cuando la vi por primera vez, no podía creer el estado en el que se encontraba la obra. No podías ver la pintura original; estaba completamente cubierta por yeso y más pintura. Tenía cinco o seis capas encima. Me tuve que preguntar a mí misma si era un Leonardo o no, porque estaba completamente irreconocible”.

Esta fue la reacción de la italiana Pinin Brambilla, una de las mayores autoridades mundiales en conservación de frescos renacentistas, cuando se encontró frente a frente con La última cena.

Era 1977 y Brambilla —quien falleció en 2020— había asumido el reto de restaurar la gran obra de Leonardo da Vinci comisionada por el duque de Milán Ludovico Sforza hace más de 500 años. No era la primera en tratar de salvar este imponente mural de 4,5 metros de altura que decora un muro del refectorio (comedor) del monasterio de la iglesia de Santa Maria delle Grazie en Milán.

Otros antes que ella habían intentado rescatar sin éxito esta obra destinada a desaparecer y estos esfuerzos habían culminado en un rotundo fracaso. Desde que Da Vinci finalizó la obra en 1498, “seis restauradores trabajaron en la pintura. Cada uno de ellos cambió la fisionomía, las características y las expresiones de los apóstoles”, le dijo Brambilla a la BBC en 2016.

Pero el mayor problema de este mural de Da Vinci que captura el drama de la cena de la Pascua judía y el momento en que Jesús revela a sus discípulos que uno de ellos lo va a traicionar, es que comenzó a desintegrarse casi apenas terminado. Y todo fue por su “gran error”.

Técnica poco duradera

Debido a su consabido perfeccionismo, Da Vinci desestimó la tradicional técnica de la pintura al fresco, en la que el artista aplica la pintura sobre una capa de mortero de cal aún húmeda. Esta metodología hace que el pigmento se fije a la pared, pero requiere trabajar con premura para finalizar los trazos antes de que se seque la pared.

Para evitar las prisas y dedicarle tiempo a cada detalle, Da Vinci decidió aplicar una técnica experimental que consistía en pintar con témpera u óleo sobre una superficie de yeso seca. Esto hizo que los pigmentos no quedaran adheridos de forma permanente a la pared.