Una nueva tanda de documentos publicados el viernes por el Departamento de Justicia sobre Jeffrey Epstein, aumentaron la presión sobre Andrew Mountbatten-Windsor, anteriormente conocido como el príncipe Andrés de Inglaterra. Según se supo, el financista que se suicidó en prisión le propuso en 2010 presentarle a una joven rusa de 26 años.
Estos documentos incluyen tres fotografías del expríncipe, sin fecha, en cuatro patas sobre una mujer tendida en el suelo. En dos de ellas tiene una mano sobre el abdomen de la mujer, vestida y cuyo rostro fue enmascarado por las autoridades estadounidenses.
Preguntado en el último día de su visita a China y Japón si el exprícipe Andrés debería responder a las preguntas de los congresistas, el primer ministro británico, Keir Starmer fue contundente: “Sí”.

“Siempre he dicho que quien tenga información debe estar dispuesto a compartir esa información en la forma que se le pida”, declaró a los periodistas, porque las víctimas “tienen que ser la prioridad número uno”, añadió. No quiso pronunciarse sobre si debería disculparse por estimar que es “un asunto de Andrés”.
En un correo electrónico del 12 de agosto de 2010, Epstein le dice al entonces príncipe Andrés, a quien llama “El duque”, que tiene “una amiga” con la que “quizá” le gustaría cenar y que estaría en Londres del 20 al 24 de agosto.
Andrés le pregunta a Epstein qué le ha dicho a la joven y si ella debe llevarle “un mensaje” de parte del exfinanciero. En otro correo, el príncipe responde que debía estar en Ginebra el 22 de agosto, pero que estaría “encantado de verla”. Epstein explica que la mujer en cuestión es una rusa de 26 años, a la que describe como guapa e inteligente.
En octubre fue despojado de todos sus títulos reales y obligado a mudarse de su lujosa residencia de Royal Lodge, debido a sus vínculos con el financiero que se suicidó en prisión en 2019.
Un mes después, 16 congresistas demócratas estadounidenses firmaron una carta para pedir al expríncipe que testificara ante la comisión parlamentaria encargada de investigar a Epstein, una solicitud a la que él nunca dio respuesta.


