Katy Perry sorprendió en Davos como «primera dama» de la mano de Justin Trudeau

Katy Perry y Justin Trudeau en su llegada a Davos, Suiza - Créditos: @Sean Kilpatrick (Sean Kilpatrick)

LA NACION

La relación entre Katy Perry y Justin Trudeau sigue firme: más cómplices que nunca, la cantante de 41 años y el político de 54 arribaron al Foro Económico Mundial de la mano y por un instante fueron el foco de los flashes de la cumbre.

Trudeau pronunció un discurso en el que se refirió a la agitación global que actualmente desafía a los líderes mundiales y a lo que llamó “la retirada de una de las democracias más fuertes del mundo”. Perry lo escuchó atentamente y lo apoyó en todo momento.

Cuando nació, la historia de amor entre la estrella del pop global y el exprimer ministro canadiense llamó la atención por lo inesperado del flechazo. El romance, que une otra vez los mundos de la política y del espectáculo, comenzó de forma discreta, aunque no tardó en captar la atención del público, especialmente después de que ambos salieron de relaciones de largo recorrido.

Los primeros indicios de esta conexión surgieron a finales de julio del año pasado, poco después de que Perry finalizara su compromiso con el actor Orlando Bloom, y un tiempo después de la sonada separación de Trudeau y su esposa, Sophie Grégoire. El epicentro de los rumores fue Montreal, Canadá, donde Katy Perry se encontraba con su gira mundial, Lifetimes.

Un romance inesperado

El primer encuentro documentado fue un paseo por el pintoresco Mount Royal Park, seguido de una cena íntima en un reconocido restaurante de la ciudad. Las fotografías iniciales, aunque discretas, desataron las especulaciones: ¿era un encuentro profesional, una simple amistad o el comienzo de algo más? Las dudas se disiparon ligeramente cuando, días después, se vio a Justin Trudeau, acompañado por su hija, en la audiencia del concierto de Perry en el Bell Centre, un gesto que sugería un interés más personal que una mera cortesía política.

Fuentes cercanas a la pareja describieron una “conexión instantánea” marcada por una mutua admiración. A pesar de sus trayectorias aparentemente dispares—una, forjada bajo los reflectores del pop internacional; el otro, en el complejo mundo de la política—, Perry y Trudeau compartían un perfil público de activismo y compromiso social.

Durante los meses siguientes, la pareja optó por mantener un perfil extremadamente bajo. La apretada agenda de Perry, con su gira internacional en pleno apogeo, y las nuevas responsabilidades de Trudeau tras dejar su cargo, obligaron a que el romance se desarrollara con discreción y paciencia. Se reportó que ambos estaban “muy interesados el uno en el otro”, pero que las distancias y los compromisos ralentizaban el ritmo. La dinámica era un baile entre continentes, con la promesa de reunirse en los breves periodos de descanso de la cantante.