Aguirre deja atrás su fantasma y el de México

Foto cortesía FIFA

FIFA.- Se acabó la maldición… pero el trabajo no está acabado. Tras el silbatazo, Javier Aguirre estaba conmovido, lanzó un beso a la tribuna y se llevó las manos al rostro; parecía contener las lágrimas en ese gesto común de incredulidad, mientras el Estadio Ciudad de México liberaba una celebración contenida durante cuatro décadas. México volvió a ganar un partido de eliminación directa en una Copa Mundial de la FIFA™. Eliminó a Ecuador para instalarse entre los mejores 16 equipos del torneo y, en el proceso, el “Vasco” encontró un desenlace distinto para una historia que durante años pareció escrita en su contra.

Los resultados cuentan esa historia. México avanzó de la fase de grupos con marca perfecta, sumó nueve puntos de nueve posibles, ha mantenido la portería imbatida en estos cuatro primeros partidos y registra ocho goles. Una campaña impecable que continuó con la eliminación una selección sudamericana, región que siempre ha impuesto autoridad, y que al menos esta vez, el Tricolor no dejó escapar con la suya.

“Ecuador te lleva al límite, pero fue una bonita noche para los mexicanos”, resumió el estratega después del triunfo por 2-0. La clasificación a los octavos fue apenas una parte del logro, se sacudieron la sensación de que el desenlace ya estaba escrito. Ni siquiera con dos goles de ventaja el estadio terminó de asumir la victoria antes del silbatazo final. Los nervios fueron la expresión de los años de infortunios.

“Yo soy uno de los que no pudo pasar al quinto partido, duele mucho”, reconoció Aguirre en conferencia. Lo dijo porque conoce esa historia desde dentro. La ha cargado durante años y todavía hace unos días repasaba qué había fallado en aquellas eliminaciones. Cayó en 2002 frente a Estados Unidos. Volvió a hacerlo en 2010 contra Argentina. Cuando aceptó un tercer ciclo al frente de la selección, muchos se preguntaron si las derrotas volvían con él. También las dudas sobre su capacidad para cambiar el rumbo. 

En ese momento heredó una relación desgastada con la afición, marcada por demasiadas ilusiones derrumbadas. Poco a poco, el equipo ha vuelto a encontrar un lenguaje común con la tribuna: “Hoy esta comunión que encontramos con la gente es un impulso”. Y hoy quizás vive su mejor momento.

Antes de esta Copa Mundial, en la que se ha mostrado más relajado, sonriente y dispuesto a dialogar con su pasado, la última imagen de Javier Aguirre en el torneo pertenecía a Sudáfrica 2010. Se presentó a la conferencia de prensa con la cabeza baja y una gorra cubriéndole el rostro tras la derrota frente a Argentina. Su semblante contrastó con el mensaje que envió aquella tarde a sus jugadores: “Les pedí que levantaran la cabeza, que no habían robado a nadie”. 

Pero las heridas que más ocuparon a Aguirre en este proceso no fueron las propias. En los meses previos perdió futbolistas importantes por lesión. Varios de los convocados llegaron con escasos minutos en sus clubes, otros arrastraban sequías goleadoras o temporadas por debajo de su nivel habitual. A ellos se sumó un grupo de jóvenes que por primera vez enfrentan el escenario de una Copa Mundial: Gilberto Mora, el juvenil que mandó al campo y respondió sin miramientos en este partido, como lo hizo Mateo Chávez en su debut; además de Brian Gutiérrez, Obed Vargas y Armando González.

La fortaleza de cara a la siguiente ronda, según Julián Quiñones, es “la unión, la familia que hemos creado”. Álvaro Fidalgo transmitió la misma idea tras el triunfo sobre Chequia y Armando González añadió que el director técnico les ha transmitido calma. En la cancha, el resultado fue un equipo capaz de rotar sin perder identidad. Los cambios sostienen el ritmo, mantienen el orden y elevan la competencia desde un lugar positivo.

A los 67 años, Javier Aguirre disfruta más, como lo hace en casa… habla de sus hijos, de sus nietos, vive el fútbol también a través de ellos. Conserva el carácter y la picardía que lo caracteriza en el área técnica, pero la edad también le ha dado otra forma de vivir el juego. Él mismo se sabe más vulnerable y comparte esa sensibilidad con un grupo de futbolistas entregados al momento que están viviendo.

MEXICO CITY, MEXICO - JUNE 30: Players of Mexico celebrate by dancing after the team's victory and progression to the Round of 16 after the FIFA World Cup 2026 Round Of 32 match between Mexico and Ecuador at Mexico City Stadium on June 30, 2026 in Mexico City, Mexico. (Photo by Kevin C. Cox/Getty Images)

Dieciséis años después de su Copa Mundial previa como director técnico, el ánimo ha sido muy distinto, pero el objetivo es el de siempre. México cruzó la barrera que no superaba desde 1986, sin embargo, la clasificación a los cuartos de final es la meta transformada por la expansión del torneo, el sexto partido. 

El domingo habrá otro partido, otro rival y otra oportunidad histórica, podría ser Inglaterra o RD del Congo: “Donde estoy insatisfecho es en las contras donde no pudimos matar”, agregó sobre las áreas de oportunidad. El siguiente será el más importante de su historia otra vez.

Pero, hasta ahora, lo más valioso que ha dejado Javier Aguirre es algo menos tangible, logró que una generación volviera a creer; esta noche retumbó en el estadio el “¿Y si sí?”, un voto de fe en la posibilidad. A lo largo de las semanas ha destacado que la diferencia estaba en la familia del vestidor. Y él mismo lo explicó desde su historia de vida: “Yo soy hijo de migrantes y me enseñaron mucho a querer a México y eso lo llevo aquí, no se me olvida”.