Agencia EFE
El último viernes del Ramadán transcurrió este viernes sin fieles en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, cerrada 14 días seguidos del mes sagrado del islam por primera vez en 59 años por la guerra con Irán, lo que empujó a los musulmanes a orar en las calles próximas, ya fuera de la Ciudad Vieja.
«A todos los fieles, sin excepción, se les prohíbe llegar a la mezquita de Al Aqsa, y a más del 90 por ciento de los empleados también se les impide el acceso. El problema no es la prohibición en sí, sino lo que pueda derivarse de ella en el futuro», explicó a EFE Aouni Bazbaz, director de relaciones internacionales del Waqf Islámico, responsable de la gestión de la Explanada, uno de los lugares más sagrados del islam.
Oración en las calles
A pocos minutos del mediodía de este viernes, decenas de musulmanes, principalmente hombres, se concentraron a unos 200 metros de la puerta de Damasco, una de las entradas a la Ciudad Vieja de Jerusalén, para rezar en el último viernes del mes de ayuno musulmán. El muecín comenzó la llamada a oración y, bajo el control de la policía israelí, los fieles organizaron como pudieron sus alfombras en el angosto bulevar de la calle Al Anbeya, con la mirada en dirección a Al Aqsa.
«Esto no es justo. Esto es peligroso para los musulmanes. Es un crimen que no nos dejen llegar a la mezquita», dijo a EFE un hombre de 76 años, que prefirió no ser identificado por temor a represalias.
Antes de las restricciones impuestas por la guerra, Israel permitía el acceso a Al Aqsa durante el Ramadán solo a hombres mayores de 55 años, mujeres con más de 50 y niños de hasta 12 años acompañados por un familiar directo.
Aumento de restricciones
«En los últimos seis años ha habido fuertes restricciones para los fieles y el ‘itikaf’ (retiro a las mezquitas que se hace en Ramadán) se ha impedido casi completamente. Solo se ha permitido entrar a algunos fieles», agregó Bazbaz.
El diputado Ayman Odeh, miembro del partido israelí Hadash, integrado por árabes y judíos de izquierda, quien recientemente denunció el cierre de Al Aqsa durante el Ramadán en la Knéset (Parlamento israelí), duda en una conversación con EFE de que esta decisión busque preservar la vida de los musulmanes.
A su juicio, el Gobierno israelí tendría que haber llegado «a algún tipo de entendimiento con el Waqf, que es el cuerpo responsable de Al Aqsa, y pactar con ellos cuántas personas pueden entrar en esta situación, y en el caso de que haya alarmas qué se debe hacer».
Alternativas al cierre
El diputado denuncia que «existe una dinámica muy clara» en la que los musulmanes son considerados por las autoridades israelíes como «ciudadanos de segunda clase, súbditos y, en momentos más difíciles, incluso como enemigos».
Odeh condena que, mientras decenas de personas están en las calles de Jerusalén y numerosas tiendas y centros comerciales están abiertos, se impida el acceso a los lugares sagrados.

